10/2/11

127 Hours or How I Learned to Stop Downloading and Love the Theater


There will be blood here too


Diciembre, enero y febrero siempre son meses muy buenos para el que no tiene nada que hacer y decide gastar gran parte de su tiempo viendo películas. Es, como todos sabemos, la temporada de premios la cual viene acompañada con una lluvia de "DVD Screeners", esas copias promocionales enviadas por los estudios a críticos y votantes, y que alguien tiene la gentileza de subir a internet para poder descargar gratuitamente. Eventualmente alguna que otra de estas películas también llega a las salas de cine de Costa Rica, generalmente un par de meses después de haber estado a disposición el "DVD Screener".
En el caso de 127 Hours (la primera película de Danny Boyle luego del éxito masivo de Slumdog Millionaire y basada en la historia real de Aron Ralston, montañista estadounidense quien después de ver su antebrazo atrapado bajo una roca por 127 Horas decide entonces amputarse el brazo) como era de esperarse, entre la incertidumbre de saber cuales películas finalmente se estrenarían en las salas del país, me pareció una decisión mucho más acertada e inteligente, la de descargar y ver el DVD Screener que circulaba por internet en la comodidad de mi sillón, mi pantalla de laptop de menos de 40 cm y un par de audífonos, que esperar a ver si se decidían a quitar TRON: Legacy para estrenar algo un poco más interesante. Las maravillas del Siglo XXI.
Para sorpresa de todos la película se estrenó hace una semana, sin mucha promoción pero se estrenó, un mes después de haberla visto en mi laptop. Pero ahora finalmente la podía ver en pantalla grande y sonido envolvente, y además podía aportar mi contribución al desarrollo de las salas de cine, y el cine en general. Pero más allá de las dos razones obvias y no sociales para ir al cine, y honestamente ni tan obvias teniendo en cuenta que a los cinco minutos de iniciada la función estaba con ganas de emitir el clásico grito de "Turn it uuuuuuuup", y también que con el paso de los años la calidad de las copias en internet se ha vuelto realmente más que aceptable. Además de que por otro lado quien tiene ganas de apoyar una cadena de salas de cine que dura más de tres meses en traer The Social Network, pero que ya tiene afiches de Big Momma's House 3 antes de su estreno mundial.
Pero lo que más me llamó la atención de haber visto 127 Hours en el cine fue en realidad el vivir la experiencia colectiva que representa ver una película en el cine y compartirla con un grupo de desconocidos. Recientemente pude leer el libro de la serie 33 1/3 dedicada exclusivamente a discos de música, en este caso sobre Zaireeka de The Flaming Lips, y escrito por Mark Richardson. Zaireeka no es simplemente un disco de música, son cuatro discos que se tienen que reproducir simultáneamente en cuatro reproductores distintos, siendo así una obra musical grabada que obliga intencionalmente a la gente a reunirse poder escucharlo correctamente, entre otras implicaciones musicales (en realidad uno sí lo puede escuchar estando solo, pero en general involucra el uso de cronómetros y es mucho menos divertido). Lo interesante del libro es cuando Richardson hace una paralela entre Zaireeka y la actividad de ir al cine, citando el video de David Lynch en YouTube que impugna la práctica de ver películas en un celular, o como dice el maestro: "If you're playing the movie on a telephone, you will never in a trillion years experience the film. [...] It's such a sadness that that you think you've seen a film on your fucking telephone. Get real". Porque también hay que señalar que más allá de las dos razones que ya citamos, el ir al cine supone participar en cierto un ritual que comprende no sólo el planeamiento y el acomodarse a un horario, pero también el compartir la experiencia de ver una película con un grupo de personas. Ésto último puede parecer poco interesante, y seguramente uno puede preguntarse cual puede ser el interés de justamente compartir una película con unos cuantos desconocidos en la oscuridad.
En el caso de 127 Hours, desde principios de noviembre ya circulaban noticias de desmayos, mareos, vómitos y ataques de pánico sufridos por personas que asistieron a las funciones causados como todos imaginamos por la escena de la amputación del brazo, o como nos gusta llamarla por aquí: "La salvajada". En la función a la cual asistí no hubo nada de eso, pero me llamó increíblemente la atención el disgusto, el malestar y la tensión que generó "La salvajada" en la casi totalidad del público de la sala. Y no sólo esa escena, también la escena de la caída en la cual termina con el brazo atrapado bajo la roca, así como los distintos momentos de tensión y de humor que vive el personaje estando atrapando entre las paredes del cañón. Era verdaderamente fascinante y emotivo compartir la reacción hacia éstos distintos eventos proyectados en una pantalla con ésta pequeña congregación. Por momentos se podía sentir como si todos estuviésemos entre esas paredes con Aron Ralston sin posibilidad de ayudarlo, simplemente contemplando su desafortunada situación, preguntándonos si podíamos aguantar más que él. Y aparentemente en algunos lugares del mundo, efectivamente hay gente que no logró llegar hasta el final (pussies).
El haber asistido a tal experiencia colectiva de resistencia frente a la pantalla probablemente no cambie mucho mi opinión sobre la película en sí. Todavía me parece un muy interesante concepto de película, bien materializado por la visión de Danny Boyle y la interpretación de James Franco, pero que no logra ser el retrato cautivante sobre la angustia y a la vez monotonía de estar atrapado en un lugar para el cual tenía potencial, y que sí logró alcanzar por ejemplo Gerry de Gus Van Sant. Aún más con el irritante hábito que tiene en común 127 Hours con otra infinidad de cintas, de introducir una historia de amor y arrepentimiento cuando el personaje vive una situación que lo coloca entre la vida y la muerte. Por lo menos lo hace de manera más elegante y sutil que Cast Away.
Pero supongo que a pesar de ello, éste es el tipo de película que en el futuro tal vez me recuerde que ir al cine no es todo comodidad y calidad visual y auditiva, es también una experiencia colectiva, algo que uno comparte con unos cuantos desconocidos deseosos de ver algo interesante en una pantalla, independientemente de si uno fue con un grupo de amigos. Y algunas veces esa puede ser en realidad una parte interesante del evento. Muchas veces la calidad de un concierto de rock depende mucho del entusiasmo del público, por ejemplo que hubiera sido la reunión de The Dismemberment Plan si nadie sube al escenario para "The Ice of Boston"


- Pierre Lestruhaut

5 comentarios:

  1. Juan Ignacio Salom11 de febrero de 2011, 8:15

    Buenísimo! Me encanta el enfoque... Aún no la he visto pero pareciera que el colectivo o no sabía lo que estaba entrando a ver (otra observación implícita aquí es que 'la academia' mueve a las masas a ver lo que sea y que mucha gente entra a una película solo con la referencia de la nominación y sin tener la más remota idea de lo que van a ir a ver: gallo tapado audiovisual). En esa experiencia colectiva entonces nadie pudo salir de su individualidad y ver el asunto como lo que es: una liberación a partir del sacrificio de una parte del cuerpo. O en otras palabras poder alcanzar un nivel mayor de libertad sacrificando una parte del yo o del ego... y para lograr eso casi siempre hay que destruir algo, en este caso sangre, piel y huesos!!!

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  2. Gracias por el comentario, es muy interesante lo que decís. Efectivamente por lo general estamos muy acostumbrados a ver nada más lo que tenemos en frente, en este caso "la salvajada", el personaje lleno de sangre cortándose el brazo, en lugar de lo que representa la acción en su globalidad: la liberación por el sacrificio de algo.

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  3. El hecho de que el grupo al que se hace referencia al final del artículo se llame "DISMEMBERMENT Plan" es una coincidencia o es un juego de palabras voluntario?
    La comparación con "Cast Away" es también interesante. Efectivamente, la secuencia bastante gráfica de amputación de un brazo termina siendo más sutil que la trágica (y cómica?) separación entre Tom Hanks y su bola de volleyball.
    Hay solo dos aspectos en los que "Cast Away" supera a "127 Hours". Primero, no hace recurso a ningún tipo de flashback para animar la cuestión (aunque que hay que admitir que la inmovilidad del personaje de "127 Hours" puso las cosas complicadas en términos narrativos). Y segundo, Tom Hanks tiene más carisma y presencia que James Franco.

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  4. Lo de The Dismemberment Plan es un juego de palabras pero creo que si el grupo no se hubiera llamado así también hubiera hecho la referencia. Es nada más que me puse a ver vídeos de los conciertos de reunión que han estado haciendo, y me llamó mucho la atención la participación que tiene el público en ellos.
    Me gustaría volver a ver Cast Away, a pesar de que es una película con un principio y un final innecesarios

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